Las zonas Wi-Fi, deben ayudar a reducir la brecha digital y a mejorar las formas de comunicación.
En 2000 se creó el concepto “Campus inalámbrico” que describía el acceso a Internet de los estudiantes de la Universidad Europea de Madrid desde su portátil. Por primera vez en España 50 puntos de acceso ofrecían cobertura a 6.500 alumnos en 40 hectáreas de superficie. Una forma innovadora de utilizar los recursos pedagógicos de la Universidad, fomentando la interactividad entre profesores y alumnos y de democratizar el acceso a Internet.
Ahora la iniciativa pública de implantar Wi-Fi en las plazas de las ciudades tiene, además, un objetivo primordial: acortar la brecha digital, buscando la igualdad de oportunidades para los ciudadanos y recuperar así el espacio público como lugar de encuentro familiar y vecinal, rescatando así el concepto del ágora.
Una red distribuida estratégicamente debe favorecer la comunicación de los usuarios, generar un flujo de ciudadanos a zonas que normalmente no frecuentarían, atraer las visitas de los turistas o incluso aumentar las ventas de los comerciantes.
La plaza de Santo Domingo de Madrid se convirtió en la primera zona de la capital cubierta por Wi-Fi para acceder a Internet de forma gratuita, bloqueando el acceso a contenidos violentos o sexista; algo lógico al tratarse de un servicio público. Este experimento supuso la revitalización de la zona. Ahora la Plaza Mayor de Madrid estará conectada a Internet a petición de la Asociación de Vecinos y Comerciantes. Tras la experiencia de Santo Domingo, se considera que esta medida reactivará el comercio de la zona y supondrá beneficios económicos para los empresarios. Son muchas las ciudades que han probado o quieren probar el concepto de la plaza Wi-Fi: Valladolid, Murcia, Alicante, Zaragoza, Barcelona, Bilbao.
Una tecnología que ha logrado transformar nuestra forma de comunicarnos y ha extendido la experiencia online a un público masivo. Ahora está en los ciudadanos y en las empresas en que sepamos aprovechar sus potencialidades.
